Vuela alto, Reina

Siempre en nuestros corazones.

 

Reina

29/7/2006- 25/01/2019

En algunas culturas la muerte no es una despedida trágica sino un hasta luego, una celebración porque el ciclo se ha completado. A nosotros no nos han enseñado a verlo así, pero quizás es una forma de consolarnos cuando la partida es tan inevitable como la tuya.

Dicen que es ley de vida, pero la vida difícilmente nos prepara para decir adiós.

Podría contar mil anécdotas sobre ti, sobre tus andares y tu forma de correr, sobre tu mirada clara y segura, sobre tu afán de proteger el alimento, especialmente podría hablar sobre tu pasión por los niños y el inmenso amor que sentías hacia Álex, el cachorro humano. Hay tantos recuerdos que se quedarán impregnados para siempre entre las cuatro paredes de esta casa porque tú eres capaz de llenarlo todo con tu luz, el universo completo.

Nos dejas dándonos un ejemplo más de tu nobleza, porque has esperado el momento oportuno, cuando estábamos de vuelta, de camino a casa después de un largo trayecto de dolor. Hemos aprendido mucho y tú has sido clave para ello. Siempre serás la mejor maestra del mundo.

Gracias Reina, por darnos todos estos años, por acompañarnos siempre y dejarnos la fuerza y la sabiduría.

La casa está vacía sin ti, lo que resulta curioso porque aún siento tus pasos por el pasillo, ese trote desgarbado de abuelita y esa mirada llena de dulzura y paz. Tu forma de pedir las caricias y ese:” Sigue un poco más”, que pedías alzando tu patita para reclamarlo.

Nos dejas un legado maravilloso, una línea genética que llega hoy hasta tu tataranieta y que nos hace sentir orgullosas de que tú seas nuestro buque insignia, uno de los pilares básicos de nuestro Olimpo y a partir de hoy una leyenda infinita.

Te querremos siempre, vivirás en nosotros inevitablemente, inolvidable, eterna.

Vuela alto, Reina, nos volveremos a encontrar.

 

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